22 de octubre de 2011

Viernes y octubre.

I
Temía que llegara el momento; los pájaros bailaban en tu ventana, tan bonitos bailaban en el cielo rosa, pálido, que se apagaba. Y se ha apagado. Tu ventana ha traído la noche, y los pájaros se han ido. Han desaparecido y no me han ofrecido ni una estrella que me velara. No he tenido más remedio que volver a nuestro mundo, ese del que trato de huir siempre que te tengo cerca. Temía que llegara el momento.

II
Y ahí estábamos, la noche otoñal, fría, seca, nosotros y nuestro mundo, o lo que queda de él. Me ha dado náuseas mirar ahí, cuando me has abierto los ojos, zarandeándome con violencia me has obligado a MIRAR. Y he mirado. Nuestro mundo está sucio, tan aprisa nos marchamos que no recogiste tu basura, y yo me olvidé de la mía. Está sembrado de plantas venenosas, que intentan comernos los pies cuando uno de los dos se acerca, y las tres flores que quedan ya mueren con el frío otoñal. Nuestro mundo, otrora bello, cuidado y tan fuerte, se rompe y chirría débil, enfermo, quejumbroso. Tengo los dedos azules de haber palpado su tierra helada, sus rocas quebradas cortan el alma y está lleno de cuevas que acogen dudas y mentiras. Los ríos contaminados de fracasos lamen el orgullo y nos empapan de palabras huecas.

III
Y yo, que hice mi maleta sin pensar, creí que te harías cargo de él hasta mi vuelta, como quien se va felizmente de vacaciones. Que regarías las macetas y arrancarías las malas hierbas. Que llorarías de vez en cuando en el río lágrimas de paz, y que te tumbarías a mirar la luna por las noches sobre la manta de lana que dejé y que todavía debe de oler a mi. Fui tan ignorante que no supe darme cuenta de que al irme me llevaba medio mundo; me llevé los colores, un trozo de luna y otro de sol, me llevé también la mitad de todas las conversaciones que teníamos, y la mitad exacta de la risa que compartíamos. Qué estúpida. Tampoco pensé que no era nada dejarte una manta y un abrazo de despedida cuando me llevaba conmigo todo el calor de nuestro mundo. ¿Y qué sentido tenía para ti quedarte en nuestro mundo a esperarme, cuando "nuestro" pasó a significar "tuyo" y "mío"?

IV
Tal vez fue el puro egoísmo lo que me hizo pensar que ibas a quedarte, no lo sé. Es tarde para plantearme nada. Es tarde para analizar quién pisó la primera flor o quién empujó a quién. En realidad empieza a no importarme lo más mínimo. Perdí el equilibrio. Yo, culpable: Palabras, palabras, palabras.
Asombrosamente, sigue habiendo caminos más o menos transitables, que van de tu alma a la mía. Anudan nuestros cerebros y nos encogen los vientres, distraen a nuestros pies y nos rozan las manos. Están ahí. Llenos de zarzas, cadáveres y frustraciones. Pero están, milagrosamente.
He vuelto con mi maleta, o lo que queda de ella. Tengo los pies en uno de esos caminos, tengo los pies dispuestos, pero cansados. Vuelvo con las lágrimas contadas en una cajita de mármol. Vuelvo, pero no sé bien a qué, ni por qué, ni qué camino tomaré.

V
Por tu parte, has regresado al frío polar, y has hecho de tu mundo un montón de muros, dudas, ladridos y ladrillos. No soy bienvenida en la comodidad de tu plástica indiferencia. Sería más fácil para ambos obligarme a salir de este camino que me aterra y que me altera, que me arrastra a tu cerebro de nudos. Te queda muy poco para sacarme del camino, pues no te conté un secreto: no sabes que en la maleta que sujeto con mis torpes manos no tengo más que unas gafas sin cristales, una promesa que se rompió cien veces, y un vestido viejo que jamás podría enamorarte.
Debería salir corriendo.
Tal vez, debería.
Pero no será hoy.

VI
¿Mañana?

 


12 de octubre de 2011

Temo

Hoy he leído algo que me ha hecho sentir, llorar y sonreírme:


El ser más profundo
consiste precisamente
en la inconsciencia sentida por amor.
Me bastaba sentir que te necesitaba
para que me envolvieras,
irradiaras todo aquello
que no puedo llegar a conocer
acerca de mí mismo.


Vladimír Holan

Luego, derrumbada sobre mi nube de sándalo, recordé que nunca acaba nada de lo que empieza. Los libros, una sonrisa, el chocolate que esconde en el armario de su cocina. Promesas. Todos sin acabar. No termina las frases, y nunca viene a tomar café. Se me enfría la taza de contemplar su sombra. No quiso, tampoco, acabar conmigo.

Hoy evité su mirada porque temo no reconocerme en ella. Hoy, lloré.

4 de octubre de 2011

Almas desnudas.

Te diría tantas cosas acariciándote el pelo que ya no sé cómo agarrar este silencio. Silencio que escapa de mis dedos y teje besos en tu mirada, una risa en las pestañas para no verte llorar más.
Ayer vi tu alma desnuda frente a mi.  Sensible, tan brillante y hermosa. Y me enamoré por vez infinita. De ti, de tu olor y de tu luz. Del dulce calor quedaba entre las sábanas cuando enredaba mi alma a la tuya.


8 de septiembre de 2011

Mujer de agua

Eres mentira, fuiste espejismo de mis anhelos. Te convertí en algo real con un encantamiento y la flor de azahar que guardaba en la mano, que esperaba serte entregada.
Pero ya no se dibuja la intensidad palpable del oasis de mi vida, me voy perdiendo en ese mar de donde vine. Oigo a las mujeres de agua, me llaman y me convierto en una de ellas. Me fundo con el mar, que baña otras tierras, que nunca queda quieto. Que va, y que vuelve.
Me alejo y me fundo con un horizonte incierto, y ni siquiera eres capaz de llorarme. Me volví fría de quedarme a tu lado quieta y de no abrazar una luna caliente. Tus palabras de plástico duro se han congelado y se adhieren a mi espalda, cuando trato de olvidarlas me arrancan la piel, me dejan desnuda. Tus palabras frías. Tú, frío. Tus promesas. Mientes.
Cansada de ofrecerte mi mano, de recibir tu respuesta vacía, me voy maldiciendo tu rostro. Y que la espuma del mar me vista de nuevo.

"Y un día preguntarás por mí y no me volverás a ver..."


5 de septiembre de 2011

Me llevaría al gato entre mis brazos a nuestra Luna de Nácar.


Hoy, más que nunca te llamaría. En casa nada va bien. Pegaría un portazo y sin soltar la mano del pomo arrancaría a correr, lanzando lejos la puerta, las llaves, el todo. Iría lejos, puede que contigo y con el gato recogido en mis brazos. Entonces te explicaría qué ha pasado, no me darías tu opinión, nunca dabas tu opinión, pero me harías reír, siempre me hacías reír. Me hablarías de otra cosa, de algo aburrido y cotidiano, y perdidos en el diálogo color tierra rutina, se me pasaría el enfado.
Pero no voy a llamarte, no debo hacerlo. Me vas dejando sin hierbas el camino, sin dejar espacio a la duda, sin albergar esperanza. No sabes que sé qué piensas, lo leo en tus ojos, las pocas veces que nos leemos las miradas. Y por eso no te llamo, ni te llamaré. Al final tendrás razón, no es necesario hablar o decirnos, mi imaginación llega más lejos de lo que tú jamás llegarás a explicar. La verdad danza conmigo cuando cada noche cuelgo del techo una luna de nácar.
¿Es esto ser fuerte? Quería estar sola, ahora estoy sola, soledad de kleenex húmedos y almohada.

Quería volar, abriste nuestra jaula, y ahora tengo pánico a abrasarme con la luz del sol.

4 de septiembre de 2011

Demencia feliz

Era alguien que sacaba lo peor y lo mejor de mí. Me retorcía -demencia feliz- en curvas sinuosas. Subíamos y bajábamos las montañas del alma. Hoy soy corriente. Línea contínua, camino asfaltado. Mis palabras ya no son besos, ni tampoco insultos. Tengo la gama de grises en la cara.



Y un arnés de seguridad por si salgo a volar.

Fuego

Quemas.
Qué más da.
Escribo para que un día veas que no olvidé tu olor.
Quemas.
Qué más da.
Escribo para alejarme de ti, te dibujo en papel cebolla.
Quemas.
Qué más da.
Escribo hace tiempo lunas en tu ventana y no lo sabes.
Quemas.
Qué más da.
Escribo para olvidar que un día mirarás, y me odiarás.
Quemas.
Qué más da.
Escribo un cuento en tus pies, para que caminen libres.

Ardes.

1 de septiembre de 2011

Septiembre

Huele a chimenea. Mi memoria camina hacia los otoños en la montaña, cuando mi padre me alzaba sobre sus hombros, cerca de la zarzamora. Con cuidado de no pincharme recogía las moras más bonitas que veía, tan negras y brillantes. Orgullosa, depositaba después mi trofeo en la cesta e impaciente, casi emocionada con la tarea, continuaba buscando frutos, comiendo tres, soltando uno.

Septiembre me trae también el tacto suave de la uva, las uvas del huerto que comía con mi abuelo, que entre risas regalábamos al perro. La gata, siempre subida al tejadillo de la parra, observando nuestros juegos. Y veo también a mi abuela, saludando desde el balcón, los brazos en jarra y aquel movimiento de cabeza, tan suyo y mío cuando me decía "ah, pues, rematada...".

Siempre me he sentido dueña de septiembre. Nací en el noveno mes. Es el remanso de paz que deja el verano, es la nostalgia que araña y mueve los árboles. Es el cariño que despierta en mí encontrar un robellón, recordando cómo Andrés y yo seguíamos las instrucciones de nuestro padre, cómo cortar un hongo, qué cesta llevar, qué seta evitar. Mira, allá, una huella de jabalí. Nos creíamos protagonistas de una aventura tan real como nuestra imaginación pintaba.

Y qué sería de septiembre sin la lluvia, cuando encendíamos fuego en el hogar y nos calentábamos. Fuera comenzaban a batirse los primeros fríos con la tierra mojada. El viejo nogal sigue regalándonos sus nueces, y el manzano aún hoy espera que vuelva a encaramarme a él, a saltar entre sus ramas.

A veces pienso que debo a septiembre mi amor por los bosques, mi hábito de recoger piñas y hojas, ser incapaz de dejarlas en el suelo una vez se hallan en mi mano. Las guardo en el bolso, y van conmigo. Es un secreto, entre el otoño, y yo.

Veo mi flequillo, mi pelo negro debajo de la capucha roja. Cómo me gustaba ese jersey. Las botas, el vaquero, y mi jersey rojo, con capucha, siempre la capucha. Mi madre suspiraba, preguntándose por qué no prefería las faldas. Y yo, protagonista de mi cuento, sabía que todo aventurero necesita cubrirse la cabeza, protegerla de la lluvia, esconderse de los enemigos. Montaba en mi caballo y corría entre los árboles. Las faldas eran para otras chicas, esas que odian la lluvia y prefieren besarse con sus enemigos.

Comienza septiembre. El futuro huele a chimenea, es ahora dulce como la uva y la mermelada de mora. Septiembre siempre ha sido el comienzo de mi ciclo interior, las tarjetas de cumpleaños, montaña, pueblo y bosque, un calor familiar y el primer frío.

Comienza septiembre y acuno un nuevo ciclo.

29 de agosto de 2011

El limón de tu boca

Tienes un limón en la boca,
ácido, y de amarga corteza.
Tienes algas en los ojos,
quietas, en lecho de muerte.

Por poco olvido en el portal
el odio que vierten tus pasos
el deseo de paz difunta y mansa
que me empeño en atravesarte.

Que me agarro a tu garganta
y no me suelto hasta quedarme
desnuda frente a tu alma rota
y el sol ardiendo entre mis manos.

Por poco olvido junto al balcón
la lengua mordaz siempre a punto
entre tus dientes y que me muerde
cruel cuando el dolor me pierde

y dejo de ser yo.

Quiero acordarme, ahora, del tú que no supo cuidarme.

y volver a ser yo.