18 de febrero de 2011

Cuando se echa de menos...


Así, de repente, has venido a mi pensamiento. Y así, de repente, me he echado a llorar. Mañana harán justos dos meses que te fuiste. Echo tanto de menos abrazarte, lobezno. Echo de menos esa mirada pintada, que siempre entendía, que me decía. De vez en cuando veo una sombra que me hace creer que eres tú, hasta que en menos de un fragmento de segundo me doy cuenta de que no es posible porque ya no estás. Lo mismo me pasa con tus aullidos de alegría que se oían por toda la casa. Me parece oírlos. Pero es sólo mi imaginación, o el viento, o yo qué sé.

Lo peor son las noches. No consigo apartar de mí los últimos momentos a tu lado, y los recuerdos estallan contra las paredes de mi cabeza, como diminutos cristales se quedan ahí clavados. Entonces tengo que encender la luz, para ver algo más que oscuridad.

Ahora me iré a sacar a Roy... sigue siendo extraño ir sólo con una correa, sin tus tirones nerviosos.

Fuiste más de mi familia que mucha familia.

A ver con qué sonrío ahora...


Escrito el 28 de diciembre de 2008

13 de febrero de 2011

Acostada en la hierba


"Porque no quiero querer ni quiero besar ni quiero bailar ni quiero odiar ni quiero morder ni quiero arañar ni quiero jugar ni quiero decir ni quiero pensar porque sólo quiero estar a un ladito en un trozo de hierba mientras seco todas las ganas de llorar que se le quedaron atrapadas en la garganta antes de nacer y no saben cómo hacer para romper un silencio que hace años eriza su sangre para poder después querer querer y querer besar y querer bailar y querer odiar y querer gritar todas las fotografías que hicimos a base de minutos y colores y todas esas cosas sin sentido ni significado que a veces quiero expresar de la forma más estúpida.

Como ésta."



Escrito en mayo de 2009

De baldosas y versos

"Hoy me ha gustado la lluvia, resbalaba por mi frente lenta.
Como la poesía.
Y he dejado las baldosas
encharcadas de versos.

Lástima que mis botas no entiendan de palabras.
Lástima que mis palabras no se fundan con cemento".



Escrito en enero de 2009

5 de febrero de 2011




Hace tiempo que quiero decirte.
Y no sé. Y no puedo. Es difícil tejer momentos contigo.
Se me caen los minutos del bolsillo. Las palabras del reloj.
Recojo hilos de tu imagen. Dibujada en mi cabeza.
Te coso una vez más. Eres el botón que siempre cae de mi vestido.
Al que siempre sonrío cuando vuelvo a encontrar.

3 de febrero de 2011

1 de febrero de 2011

El lamento de la sardina.


No sé en qué mar te perdí de vista.

No recuerdo siquiera si te vi alejándote sentada en mi orilla,
o si me encontraba ya de viaje en algún bote.

Tal vez ya había llegado a otra orilla.
O quizás me convertí en sardina.

Importa que ahora eres un punto borroso de un mar desconocido.
Y el agua se bebe las huellas, y la sal me atraganta la mirada.

¿Me desato las palabras y te busco?
¿Me anudo un silencio y te encuentro?

Lo prudente será huir de esas latas de plata que oxidan lágrimas.
Latas que encierran a sardinas porque un día perdieron la cabeza.

Acabo de verme las espinas.

31 de enero de 2011

Tejados y Lunas (aprendiendo a recordar)

Subo al tejado por las noches y escribo en mi libreta garabatos lunares. Miro de vez en cuando al mundo, tan pequeñito desde aquí, y veo a mis problemas jugar al escondite detrás de las farolas. Cuando les da la luz me río de ellos, de sus feas caras y sus cuerpos achaparrados. Los muy malditos se esconden entonces y tratan de asustarme teñidos de húmeda oscuridad nocturna. Ahora ya sé que son enanos saltarines imitando grotescos unos gestos de gigantes, todo depende de cómo quiera verlos. Me río de mis problemas y salto a otro tejado.

Me gustan los tejados porque la lluvia huele mejor ahí, la Luna se ve más grande y el viento paraliza el tic-tac de los relojes. Estoy posada encima de ti. Me asomo a tu ventana y te siento a través de las cortinas. Tienes llena la maleta de calcetines de colores, hay también un lápiz, una melodía y un gato blanco de ojos azules. Me siento de nuevo en tu tejado y me invento una buhardilla con tres ventanas pintadas de estrellas. Sí, me gusta inventarme sueños hechos a nuestra medida, construir jardines con rosales y fuentes antiguas, sentarme en un banco del parque más viejo y bonito del mundo y leer poemas, cuentos, historias. Darte un papel en mi teatro y besarte entre bambalinas, regalarte un otoño y todas las hojas que trae consigo para que adornen tus calles.

Me dice la Luna que no le bastan los aullidos ni maullidos, quiere que le susurre algún secreto y le preste mi manta de cuadros, tan arriba hace frío. Me acurrucaré esta noche en el alféizar de tu ventana, y dormiré abrazada en la distancia. Sólo quería que supieras que me encanta posarme en tu nariz, escalar por tu buhardilla y maullar en el tejado, aún a riesgo de resbalar en alguna teja helada y caer al vacío tan real de la mañana, cuando el sol sale y me quita las legañas.

De luna a luna

Estoy en la luna. Y en ninguna otra parte.
Pegué un salto y arribita llegué.



Empiezo a necesitar eso que en las películas de amor hidrogenado llaman "tiempo para pensar".



De todos, el sentimiento de culpabilidad es el más feo. Deberían borrarlo del diccionario y echarlo de las calles.

Amor y Psique


Como un vaso roto metido en una bolsa de plástico.

Así suenan las promesas que nunca serán cumplidas. Así van, poquito a poco, rompiendo el material que las contiene. Destruyéndose a sí mismas y a quien, un día, tuvo la esperanza de creer en ellas.

Es humillante que alguien te jure algo, como se le promete a un niño de siete años que todo irá bien, con una suave caricia en la mejilla. Con una sonrisa que dulcifica la bofetada recibida. Que te diga que no volverá a pasar, como si en realidad le importaras un poquito, como si en realidad quisiera que todo volviera a ser perfecto, si es que alguna vez lo fue. Es humillante porque sabes que no tardará en volver a romper vasos que apestan a colillas, a whisky y a cobardía contra tu puerta. A estallarte los cristales en la cara. A sangrarte el sentimiento un poquito más.
Y tú irás, poquito a poco, recogiendo todo lo que colocaste en las estanterías de la habitación que nunca tuvisteis, desapareciendo poco a poco de sus sueños, en una huída silenciosa. Escapando convertida ya en sombra.