Flotas perdido en mis ideas porque hay grietas en mi cabeza; pero no sabes que ya no te pienso, y que ahora habitas mis silencios.
Hablas, te veo mover los labios; pero no te escucho las mentiras. Tu sudor me anestesia la piel y se arrugan los recuerdos en mi cara.
Ya no hay fuegos provocados, todos son ahora velas mudas. Huele a madera quemada cuando se agota el amor del alma.
Dibujaste trazos de mi vida: caminos de robles, de cardos y de orquídeas. Hiciste de tu querer el mío, de mi tiempo el tuyo: Tropezábamos los besos y las horas.
Me pisaste el corazón
y te llevaste hasta la rabia.
Tú.
5 de octubre de 2014
11 de octubre de 2013
Islandia
Hace un año, a estas horas, subía a un avión con destino Reykjavík. Y ahí pasé el invierno más largo y bonito de los que he vivido. Ví paisajes increíbles, ciudades, calles y casas diferentes a todo lo que había visto antes, subí a un glaciar, me asomé al cráter de un volcán, cabalgué en un caballo islandés, escuché resoplar a la tierra con la explosión del géiser, y me enamoré de cada catarata que visité. Pasé frío, mucho frío, y me calenté en las saunas y en las aguas termales del Blue Lagoon. Aprendí de la historia islandesa en sus museos, monumentos y libros; y aprendí a tejer en alguna de esas largas noches. El día antes de irme, la isla me regaló la espectacular visión de la aurora boreal, y la emoción hizo que riera y llorara al mismo tiempo. Pero, ¿sabéis lo mejor de todo? Lo mejor lo encontré en cada persona que conocí, en mis amigos Sigga y Jón, Frances, Barbara, en mis niños, y en cada persona que con su historia me enseñó, me sorprendió, y me hizo comprender que, con cada viaje, y a cada paso, la vida se va tejiendo un poquito más fuerte, más colorida y más caliente. Como un jersey islandés, como un lopapeysa.
15 de septiembre de 2013
A un luchador...
"Parecía su pelo rizoso ese pelo de estopa apolillada de las muñecas viejas, que se cae, al pasarle la mano, en una polvorienta tristeza..."
Juan Ramón Jiménez - 'Platero y yo', fragmento.
Juan Ramón Jiménez - 'Platero y yo', fragmento.
Gracias por este tiempo, Roy. Fuiste un superviviente en tus primeros meses de vida, y has sido un luchador hasta el final. Nos duele despedirnos, pero te hemos dejado ir, sin dejar de estar a tu lado en ningún momento.
Me quedo con los paseos compartidos, con lo feliz que has sido, y con la alegría de encontrarte 15 años atrás, un 17 de septiembre. Me faltaba un día para cumplir 12 años. No recuerdo qué me regalaron en aquel cumple, sólo sé que tuve a mi lado a un amigo que me ha acompañado hasta hoy, a punto de cumplir 27. Me has visto cerrar y abrir tantos ciclos: empezar la ESO, acabar Bachillerato, hacer la selectividad, entrar en la Uni y salir de ella. Por el camino nos ha tocado decir adiós a seres queridos, y tenerte cerca siempre ha sido una ayuda para que las penas se olvidaran un ratito.
Habrá a quien estas palabras le suenen a cursilería difícil de comprender. Lo siento por esas personas, porque creo que quien no es capaz de entender el sufrimiento por un animal, de empatizar siquiera un poquito, tampoco sabe lo que es quererlo, ni disfrutar de su compañía, y eso supone perderse una parte muy bonita de la vida (para mí, de las mejores): la de aprender a ser mejor humano. Descansa, pequeño. Nos dejas un hueco enorme que llenaremos de buenos recuerdos. Te queremos y te echaremos de menos, no sabes cuánto.
Siempre contigo.
31 de agosto de 2013
No era nadie
Hoy venía de la estación decidiendo si me iba a echar unas cañas o directamente a casa, cuando una señora me ha pedido si podía ayudarle a llevar un cartón enorme, cargada con bolsas como iba no podía con todo. He cogido el cartón y una bolsa grande. Mientras caminábamos me he dado cuenta de que no estaba llevando un cartón cualquiera: era su cama. Y no llevábamos las cosas a su portal, sino a un cajero. Le he dicho que si necesitaba algo más, y muy agradecida me ha contestado que suficiente favor le había hecho. Si preguntáis, posiblemente os dirán que está loca, y casi con toda seguridad ni siquiera habrán hablado con ella. La naturalidad con la que me hablaba acerca de la elección de un buen cartón, la dignidad y aceptación de su situación me han desbordado. Un poco más rota, he decidido volver a casa, yo que sí la tengo. Hoy he aprendido algo. Por cierto, no está loca. Simplemente sola. Y sin casa.
9 de noviembre de 2011
El lado oscuro del no amor en una noche estrellada.
La luna se ha posado en mi tejado, burbuja de plata. Me pregunta si no estaré equivocada, si no seremos en realidad calcetines sin pareja que se encontraron perdidos en alguna lavadora. Me pregunta si no estaré hecha para entenderme con el viento, que gira y cambia y canta y llora. Me pregunta qué me mantiene con la vista fija en ti cuando nada queda en tu mirada. Y no tengo respuesta porque de tanto empeñarme en mentir he olvidado algunas verdades.
Olvidé tu risa, aunque sé que a veces reías. Olvidé tu olor, ahora lo busco en otras bufandas. Olvidé el color de tus ojos, pero sé que tus ojos me gustaban.
No siento lo que pienso y no pienso lo que siento.
Porque sólo soy un calcetín desparejado.
La luna se ha posado en mi tejado, burbuja de plata.
Olvidé tu risa, aunque sé que a veces reías. Olvidé tu olor, ahora lo busco en otras bufandas. Olvidé el color de tus ojos, pero sé que tus ojos me gustaban.
No siento lo que pienso y no pienso lo que siento.
Porque sólo soy un calcetín desparejado.
La luna se ha posado en mi tejado, burbuja de plata.
7 de noviembre de 2011
Ave Fénix.
El ave fénix renace de sus cenizas.
Somos ave fénix. Ardemos en las cenizas.
Y si volviéramos a nacer...
Haría de nuestra risa un lugar para vivir.
Para tus desayunos te haría mil bizcochos.
Haría, sobre todas las cosas, de tu felicidad,
la mía.
Si volviera a nacer.
Me quemo.
Somos ave fénix. Ardemos en las cenizas.
Y si volviéramos a nacer...
Haría de nuestra risa un lugar para vivir.
Para tus desayunos te haría mil bizcochos.
Haría, sobre todas las cosas, de tu felicidad,
la mía.
Si volviera a nacer.
Me quemo.
22 de octubre de 2011
Viernes y octubre.
I
Temía que llegara el momento; los pájaros bailaban en tu ventana, tan bonitos bailaban en el cielo rosa, pálido, que se apagaba. Y se ha apagado. Tu ventana ha traído la noche, y los pájaros se han ido. Han desaparecido y no me han ofrecido ni una estrella que me velara. No he tenido más remedio que volver a nuestro mundo, ese del que trato de huir siempre que te tengo cerca. Temía que llegara el momento.
II
Y ahí estábamos, la noche otoñal, fría, seca, nosotros y nuestro mundo, o lo que queda de él. Me ha dado náuseas mirar ahí, cuando me has abierto los ojos, zarandeándome con violencia me has obligado a MIRAR. Y he mirado. Nuestro mundo está sucio, tan aprisa nos marchamos que no recogiste tu basura, y yo me olvidé de la mía. Está sembrado de plantas venenosas, que intentan comernos los pies cuando uno de los dos se acerca, y las tres flores que quedan ya mueren con el frío otoñal. Nuestro mundo, otrora bello, cuidado y tan fuerte, se rompe y chirría débil, enfermo, quejumbroso. Tengo los dedos azules de haber palpado su tierra helada, sus rocas quebradas cortan el alma y está lleno de cuevas que acogen dudas y mentiras. Los ríos contaminados de fracasos lamen el orgullo y nos empapan de palabras huecas.
III
Y yo, que hice mi maleta sin pensar, creí que te harías cargo de él hasta mi vuelta, como quien se va felizmente de vacaciones. Que regarías las macetas y arrancarías las malas hierbas. Que llorarías de vez en cuando en el río lágrimas de paz, y que te tumbarías a mirar la luna por las noches sobre la manta de lana que dejé y que todavía debe de oler a mi. Fui tan ignorante que no supe darme cuenta de que al irme me llevaba medio mundo; me llevé los colores, un trozo de luna y otro de sol, me llevé también la mitad de todas las conversaciones que teníamos, y la mitad exacta de la risa que compartíamos. Qué estúpida. Tampoco pensé que no era nada dejarte una manta y un abrazo de despedida cuando me llevaba conmigo todo el calor de nuestro mundo. ¿Y qué sentido tenía para ti quedarte en nuestro mundo a esperarme, cuando "nuestro" pasó a significar "tuyo" y "mío"?
IV
Tal vez fue el puro egoísmo lo que me hizo pensar que ibas a quedarte, no lo sé. Es tarde para plantearme nada. Es tarde para analizar quién pisó la primera flor o quién empujó a quién. En realidad empieza a no importarme lo más mínimo. Perdí el equilibrio. Yo, culpable: Palabras, palabras, palabras.
Asombrosamente, sigue habiendo caminos más o menos transitables, que van de tu alma a la mía. Anudan nuestros cerebros y nos encogen los vientres, distraen a nuestros pies y nos rozan las manos. Están ahí. Llenos de zarzas, cadáveres y frustraciones. Pero están, milagrosamente.
He vuelto con mi maleta, o lo que queda de ella. Tengo los pies en uno de esos caminos, tengo los pies dispuestos, pero cansados. Vuelvo con las lágrimas contadas en una cajita de mármol. Vuelvo, pero no sé bien a qué, ni por qué, ni qué camino tomaré.
V
Por tu parte, has regresado al frío polar, y has hecho de tu mundo un montón de muros, dudas, ladridos y ladrillos. No soy bienvenida en la comodidad de tu plástica indiferencia. Sería más fácil para ambos obligarme a salir de este camino que me aterra y que me altera, que me arrastra a tu cerebro de nudos. Te queda muy poco para sacarme del camino, pues no te conté un secreto: no sabes que en la maleta que sujeto con mis torpes manos no tengo más que unas gafas sin cristales, una promesa que se rompió cien veces, y un vestido viejo que jamás podría enamorarte.
Debería salir corriendo.
Tal vez, debería.
Pero no será hoy.
VI
¿Mañana?
Temía que llegara el momento; los pájaros bailaban en tu ventana, tan bonitos bailaban en el cielo rosa, pálido, que se apagaba. Y se ha apagado. Tu ventana ha traído la noche, y los pájaros se han ido. Han desaparecido y no me han ofrecido ni una estrella que me velara. No he tenido más remedio que volver a nuestro mundo, ese del que trato de huir siempre que te tengo cerca. Temía que llegara el momento.
II
Y ahí estábamos, la noche otoñal, fría, seca, nosotros y nuestro mundo, o lo que queda de él. Me ha dado náuseas mirar ahí, cuando me has abierto los ojos, zarandeándome con violencia me has obligado a MIRAR. Y he mirado. Nuestro mundo está sucio, tan aprisa nos marchamos que no recogiste tu basura, y yo me olvidé de la mía. Está sembrado de plantas venenosas, que intentan comernos los pies cuando uno de los dos se acerca, y las tres flores que quedan ya mueren con el frío otoñal. Nuestro mundo, otrora bello, cuidado y tan fuerte, se rompe y chirría débil, enfermo, quejumbroso. Tengo los dedos azules de haber palpado su tierra helada, sus rocas quebradas cortan el alma y está lleno de cuevas que acogen dudas y mentiras. Los ríos contaminados de fracasos lamen el orgullo y nos empapan de palabras huecas.
III
Y yo, que hice mi maleta sin pensar, creí que te harías cargo de él hasta mi vuelta, como quien se va felizmente de vacaciones. Que regarías las macetas y arrancarías las malas hierbas. Que llorarías de vez en cuando en el río lágrimas de paz, y que te tumbarías a mirar la luna por las noches sobre la manta de lana que dejé y que todavía debe de oler a mi. Fui tan ignorante que no supe darme cuenta de que al irme me llevaba medio mundo; me llevé los colores, un trozo de luna y otro de sol, me llevé también la mitad de todas las conversaciones que teníamos, y la mitad exacta de la risa que compartíamos. Qué estúpida. Tampoco pensé que no era nada dejarte una manta y un abrazo de despedida cuando me llevaba conmigo todo el calor de nuestro mundo. ¿Y qué sentido tenía para ti quedarte en nuestro mundo a esperarme, cuando "nuestro" pasó a significar "tuyo" y "mío"?
IV
Tal vez fue el puro egoísmo lo que me hizo pensar que ibas a quedarte, no lo sé. Es tarde para plantearme nada. Es tarde para analizar quién pisó la primera flor o quién empujó a quién. En realidad empieza a no importarme lo más mínimo. Perdí el equilibrio. Yo, culpable: Palabras, palabras, palabras.
Asombrosamente, sigue habiendo caminos más o menos transitables, que van de tu alma a la mía. Anudan nuestros cerebros y nos encogen los vientres, distraen a nuestros pies y nos rozan las manos. Están ahí. Llenos de zarzas, cadáveres y frustraciones. Pero están, milagrosamente.
He vuelto con mi maleta, o lo que queda de ella. Tengo los pies en uno de esos caminos, tengo los pies dispuestos, pero cansados. Vuelvo con las lágrimas contadas en una cajita de mármol. Vuelvo, pero no sé bien a qué, ni por qué, ni qué camino tomaré.
V
Por tu parte, has regresado al frío polar, y has hecho de tu mundo un montón de muros, dudas, ladridos y ladrillos. No soy bienvenida en la comodidad de tu plástica indiferencia. Sería más fácil para ambos obligarme a salir de este camino que me aterra y que me altera, que me arrastra a tu cerebro de nudos. Te queda muy poco para sacarme del camino, pues no te conté un secreto: no sabes que en la maleta que sujeto con mis torpes manos no tengo más que unas gafas sin cristales, una promesa que se rompió cien veces, y un vestido viejo que jamás podría enamorarte.
Debería salir corriendo.
Tal vez, debería.
Pero no será hoy.
VI
¿Mañana?
12 de octubre de 2011
Temo
Hoy he leído algo que me ha hecho sentir, llorar y sonreírme:
El ser más profundo
consiste precisamente
en la inconsciencia sentida por amor.
Me bastaba sentir que te necesitaba
para que me envolvieras,
irradiaras todo aquello
que no puedo llegar a conocer
acerca de mí mismo.
Vladimír Holan
Luego, derrumbada sobre mi nube de sándalo, recordé que nunca acaba nada de lo que empieza. Los libros, una sonrisa, el chocolate que esconde en el armario de su cocina. Promesas. Todos sin acabar. No termina las frases, y nunca viene a tomar café. Se me enfría la taza de contemplar su sombra. No quiso, tampoco, acabar conmigo.
Hoy evité su mirada porque temo no reconocerme en ella. Hoy, lloré.
El ser más profundo
consiste precisamente
en la inconsciencia sentida por amor.
Me bastaba sentir que te necesitaba
para que me envolvieras,
irradiaras todo aquello
que no puedo llegar a conocer
acerca de mí mismo.
Vladimír Holan
Luego, derrumbada sobre mi nube de sándalo, recordé que nunca acaba nada de lo que empieza. Los libros, una sonrisa, el chocolate que esconde en el armario de su cocina. Promesas. Todos sin acabar. No termina las frases, y nunca viene a tomar café. Se me enfría la taza de contemplar su sombra. No quiso, tampoco, acabar conmigo.
Hoy evité su mirada porque temo no reconocerme en ella. Hoy, lloré.
4 de octubre de 2011
Almas desnudas.
Te diría tantas cosas acariciándote el pelo que ya no sé cómo agarrar este silencio. Silencio que escapa de mis dedos y teje besos en tu mirada, una risa en las pestañas para no verte llorar más.
Ayer vi tu alma desnuda frente a mi. Sensible, tan brillante y hermosa. Y me enamoré por vez infinita. De ti, de tu olor y de tu luz. Del dulce calor quedaba entre las sábanas cuando enredaba mi alma a la tuya.
Ayer vi tu alma desnuda frente a mi. Sensible, tan brillante y hermosa. Y me enamoré por vez infinita. De ti, de tu olor y de tu luz. Del dulce calor quedaba entre las sábanas cuando enredaba mi alma a la tuya.
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